Huanakauri

A un tal Larrañaga

In Vaqueros on Noviembre 28, 2009 at 09:22

En los tiempos de la guerra, luego del saqueo a San José, el viejo compró a dos africanos a un tal Larrañaga, así lo cuenta un hombre de ojos rojos en la barra del mismo bar.  De esas cosas ya no se hablan, pero él los soltó. Así cuenta que algunas noches, asustados en su lengua, corrían al comedor de la estancia donde se reunía la familia y le gritaban al abuelo: “¡ausiliquen, moros en la costa, moros en la costa! Y su desesperación era tal que no sabía cómo tranquilizarlos. Al cabo de un rato, cuando ya no pasaba nada, volvían a su casa, una casa de material y dos piezas que arreglaron para ellos.  Tendrían miedo, vaya a saber uno de qué. Y de qué va a ser mijita, pobrecitos, todo lo que han sufrido y no conocemos.

Sales efervescentes efectivas

In Minicuentos on Noviembre 27, 2009 at 11:49

Solo eructando se va el alcohol, le dijo a Will la señora que atiende la farmacia. Tienes una cara, chico, que das pena. La caja registradora hizo clic y más tarde las sales efervescentes cayeron fuera del vaso, un vaso azul, ancho y petiso, que todavía no se ha roto desde el casamiento. Eres un inútil, pensó. Luego de la ingesta, eructó y se sintió mejor, entonces le agradeció a la mujer que tenía razón. Cuando pase por la farmacia debería agradecerle el detalle. El alcohol se va eructando, en luna llena no puedes dormir y siempre te levantas por el mismo lado de la cama. Supersticiones, afirma Silvia. No, ya no eran supersticiones para Will, eran formas de vida y estaban tan metidas que su mujer bajaba la cabeza y consentía. El mundo es así y otra vez eructó.

Siempre va con sustancia

In Minicuentos on Noviembre 13, 2009 at 13:10

Sustancia era lo que traía siempre en el bolsillo. Cuando los tambores subían, él subía con ellos más allá de la esquina, donde la calle termina y se cruza con el río. Entonces todo daba igual. Si la noche era más oscura, Will estaría solo igual. Si a la mañana ella quería más, él pasaba su nariz por un tubo cada vez más ancho y en el supermercado saludaría a la cajera con los ojos arrastrando el suelo y todo amarillo. Hasta que aquello empezó a sangrar. Sangraba a fin de mes, sangraba los feriados y sangró justo antes de Navidad, en tiempo de Adviento. Lo sabe porque su madre prende una vela blanca cada domingo antes. Y uno se ve obligado a cerrar la boca y a no decir oración. Ahora no es así y Will siempre lleva sustancia.