Hay un momento que pareces tonto, dijo Liz a Juan. El mozo dejó los cafés sobre la mesa, azúcar o sacarina, nada de los dos, seco, como Dios lo trajo al mundo. Entonces ella esbozó dos o tres oraciones que no pudo redondear. Juan prendió un cigarro, prometió no decir mentiras y escuchó la nube de verdades que Liz aseguró explicar. Le daba igual. Hace días que Juan se limitaba a escuchar. Después de todo, es el único sentido que no podía controlar y en su rutina contaba las vitaminas hasta los gramos. Liz siguió hablando. De hecho en un momento le saltó una lágrima y Juan casi se conmueve pero una paloma pasó justo detrás y pensando en las calles de su pueblo, cuando era niño y esos bichos eran gigantes, le dijo que sí a Liz, nos casamos.
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Un extraño en el café
In Minicuentos on septiembre 23, 2009 at 22:13Luego, con la cáscara ya pulverizada, te comes la nuez. Alrededor puras señoras tomando el té, ataviadas uniformes con vestidos negros y pañuelos de seda. En el medio del salón, un espacio amplio con vistas a la plaza, alguien toma un jugo de naranja y piensa: “¿En qué momento desemboqué en este café?”. Con la paciencia propia de un tonto que se sabe perdedor, pide otro jugo de naranja y un sándwich de pavita a la espera de la respuesta. En la libreta apunta los datos de la realidad que decodifica como extraños. El zumbido de las mozas; de mesa en mesa, el hombre leyendo un diario, la mujer haciendo lo mismo, la cafetera, los vasos, los vidrios rotos y el silencio de todos. En coro dieron vuelta las caras, miraron los restos de la cáscara pulverizada y tomaron el té.
Liados en el azar
In Tijuana dream on junio 1, 2009 at 13:52Al cabo de unas horas la naturaleza puso las diferencias en su lugar y de la cama al amor en una sola raya. Sin saber por qué, ella le recordó Nueva York y le trajo algo que había olvidado: la emoción de la sorpresa. Al cabo de una noche, ya con los vasos medios vacios o medios llenos, entre la hora de la madrugada y la hora del desayuno, él exprimió naranjas, hizo café, quemó las tostadas y se descubrió subiendo las escaleras para verla justo como la había dejado, en su cama. Entonces descargó la bandeja sobre la mesa de luz, cubrió el café con la servilleta, se calzó los jeans, buscó el celular, las llaves y el reloj. En el baño se lavó la cara y se cepilló los dientes. Antes de irse meditó si despertarla o no.
