Con la mirada fija en el error, un agujero negro al borde del teclado, cuando casi quema la pantalla también, calculaba cómo explicar los motivos, que en el fondo eran otros. A punto de quebrar, ya con las manos cerca de los bolsillos, con el aliento seco de la noche, caminando en círculos, afirmado en su rareza de perro teñido de azul, se recostó al mostrador la mañana entera, anclado y atornillado a la cerveza. Él ya lo sabía como se saben las noticias inevitables, pero la claridad de las palabras pulveriza las expectativas y elimina las esperanzas. Esperaba entonces. Llegó con lo puesto y algo más. Y de un momento para otro, así debe ser la muerte, cuando me di vuelta, ya estaba con Bill y cuando fui al baño ya tenía cosa en la billetera. Fue un respiro.
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Infinitos o encadenados
In Minicuentos on julio 28, 2009 at 10:31Era ella y no lo era, solo que no existe la manera de saberlo. Por ahora se manejaría con la experiencia y la memoria. Era claro que la curva de la espalda parecía perfecta, estaba segura que sus piernas juntas lucían infinitas, era claro que no conocía otro cuerpo más ajustado a la presión de sus manos que ese cuerpo que ahora, justo ahora, estaba en la cama, su cama, arriba. Era claro que habían pasado años, que no eran niños, que aquello sonaba a locura y sin embargo en los ojos de él quedaba la resaca del día anterior. ¿Sigues yendo al bar? En los ojos de ella ya se había derrumbado algo parecido al amor. Sigo yendo al bar. Sigues oliendo a bar. Es el mismo bar y no ha cambiado el olor a cerveza. Hueles a whisky.
Siempre la misma idea
In Minicuentos, Western way on junio 22, 2009 at 14:08Ya lo has dicho. Discutimos una y otra vez sobre lo que ya hemos dicho. Debo aclararte lo siguiente, la otra noche, la noche de las cervezas, a ti no te bastó irte con él para dejarme por el piso, un idiota borracho que rompe vidrios porque la chica se fue con otro, entonces, si yo me equivoqué, si tú también te equivocaste, en definitiva, todos nos equivocamos alguna vez, cuéntame porque rayos siempre terminas asistida por la razón, anticipando siempre lo que va a pasar, incluso si voy a tener frío o no. Siempre es lo mismo, ya lo has dicho. Entonces te vas de nuevo. Mientras, ella come chocolate hasta que se queda dormida frente al televisor. Él toma cerveza hasta que la vejiga reclama vaciamiento. Todos los días igual. Hasta que Mark dijo basta y se colgó.
Un hombre solo
In Minicuentos, Western way on mayo 9, 2009 at 15:30A veces parece llorar. Y a veces parece reír con su vaso lleno de cerveza toda la tarde, una vez por mes, mientras hace tallarines. Siempre sé un buen niño, le decía su mamá. Él empezó tomando café cada vez más. Siguió fumando y a los quince años ya practicaba lo que todos a los 20. Pero esos asuntos en esos tiempos se resolvían así. Solo sé buen chico. Luego se casó con Liz, y su disposición hacia los bares y la cerveza fue desplazada por la compañía de la mujer de su vida. A veces parece borracho de amor y nada más. “Liz, solo te falta cocinar mejor y nada más”, dijo Rob y ella se echó a llorar. A la semana siguiente, un cocinero preparaba los alimentos de la pareja. Cielos, ahora sí que podremos vivir siempre felices, juntos.
Las otras
In Minicuentos, Western way on mayo 2, 2009 at 14:37No lo trates de evitar. A las ocho llega Jimmy a la casa. A las nueve Liz prende la televisión para ver la novela. A las diez Jimmy ya quiere salir y atornillarse en la esquina hasta que la noche, bien entrada y fría, haya oscurecido el pueblo, entonces vuelve. Los domingos es igual. A las doce Jimmy está acodado en la barra, leyendo el diario del domingo y con aliento a cerveza y el ánimo en el punto justo para hacerle el amor toda la tarde, vuelve. Siempre es igual, no lo trates de evitar. Entonces él hace el asado y ella prepara el puré. Después de almorzar llegan las primas de Liz. Todas borrachas con los niños cada vez más grandes, peleando entre ellos, entonces Jimmy mira a Liz y sueña con tener unos hijos iguales a ella.
