Huanakauri

Marino viejo

In Minicuentos on 11 de agosto de 2009 at 22:43

Con la mirada fija en el error, un agujero negro al borde del teclado, cuando casi quema la pantalla también, calculaba cómo explicar los motivos, que en el fondo eran otros. A punto de quebrar, ya con las manos cerca de los bolsillos, con el aliento seco de la noche, caminando en círculos, afirmado en su rareza de perro teñido de azul, se recostó al mostrador la mañana entera, anclado y atornillado a la cerveza. Él ya lo sabía como se saben las noticias inevitables, pero la claridad de las palabras pulveriza las expectativas y elimina las esperanzas. Esperaba entonces. Llegó con lo puesto y algo más. Y de un momento para otro, así debe ser la muerte, cuando me di vuelta, ya estaba con Bill y cuando fui al baño ya tenía cosa en la billetera. Fue un respiro.

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