Huanakauri

Posts Tagged ‘Amor’

El amor

In Minicuentos on 31 de marzo de 2010 at 09:56

En Santiago de Chile, Daniel Greig aprendió lo qué es el amor. Lo supo después de conocer a Mariana, una chica que mes a mes enviaba su sueldo a Puno donde su marido y sus hijos vivían. Tuvo algo con Mariana pero nada serio y en Cusco, unos años más tarde, entendió que el amor era puro verso. Lo supo después que encontró a Mariana con otros hijos y otro hombre. ¿Qué has hecho de tu vida? Las palabras sonaron huecas, en fondo había un par de cuerpos, que unidos por los instintos daban vueltas alrededor del mundo. Nada más. ¿Y tú? He perdido todo lo que tuve, he ganado todo otra vez y no sé qué es el amor. Otra vez solo, encontró a Mariana en Montevideo, esta vez se eligieron y él pensó que el amor es circular.

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El efecto paloma

In Minicuentos on 11 de diciembre de 2009 at 10:13

Hay un momento que pareces tonto, dijo Liz a Juan. El mozo dejó los cafés sobre la mesa, azúcar o sacarina, nada de los dos, seco, como Dios lo trajo al mundo. Entonces ella esbozó dos o tres oraciones que no pudo redondear. Juan prendió un cigarro, prometió no decir mentiras y escuchó la nube de verdades que Liz aseguró explicar. Le daba igual. Hace días que Juan se limitaba a escuchar. Después de todo, es el único sentido que no podía controlar y en su rutina contaba las vitaminas hasta los gramos. Liz siguió hablando. De hecho en un momento le saltó una lágrima y Juan casi se conmueve pero una paloma pasó justo detrás y pensando en las calles de su pueblo, cuando era niño y esos bichos eran gigantes, le dijo que sí a Liz, nos casamos.

Cómo se enrareció todo

In Minicuentos on 29 de agosto de 2009 at 18:26

De otro lado del casino, como apuntado en la agenda invisible de los errores imprudentes, aquellos que nadie repite salvo un par más de calaveras y ella, las vi una encima de la otra. Entonces todo se enrareció. Insistió en no decir palabras, intentó no revelar excusas y esperó a que se pase el caos preliminar de versos que suenan a lata. Hay algo que nunca termina de quebrar y lo sabes mejor que yo, dijo o yo creí oír en el momento que alguien llamó desde la otra esquina y el escenario volvió al estado en que estaba antes, con el perfume todavía en mi remera, insistiendo en no decir nada, solo disimular lo que se escapa de los ojos. Algo parecido al amor, algo entre los bordes, del otro lado del casino, a las tres de la mañana.

Infinitos o encadenados

In Minicuentos on 28 de julio de 2009 at 10:31

Era ella y no lo era, solo que no existe la manera de saberlo. Por ahora se manejaría con la experiencia y la memoria. Era claro que la curva de la espalda parecía perfecta, estaba segura que sus piernas juntas lucían infinitas, era claro que no conocía otro cuerpo más ajustado a la presión de sus manos que ese cuerpo que ahora, justo ahora, estaba en la cama, su cama, arriba. Era claro que habían pasado años, que no eran niños, que aquello sonaba a locura y sin embargo en los ojos de él quedaba la resaca del día anterior. ¿Sigues yendo al bar? En los ojos de ella ya se había derrumbado algo parecido al amor. Sigo yendo al bar. Sigues oliendo a bar. Es el mismo bar y no ha cambiado el olor a cerveza. Hueles a whisky.

El desafío de la sobriedad

In Amor, Minicuentos on 12 de julio de 2009 at 12:21

Cuando Sylvia llegó, vio a Jimmy en cuatro patas. “Otra vez buscando puntas”, dijo ella. Llegó a tiempo pero no siempre es así. En la casa hace tres días que no hay ni rastros de marihuana. Jimmy se incorporó y de mal humor contestó: “Sí. ¿Y qué?”. De cualquier manera estaba limpio. Sylvia sacó de su bolso un cigarro, prendió la televisión y se prometió paciencia. Después de todo no era la primera vez que Jimmy perdía la cabeza por una punta. En un rato se le pasará. ¿Quieres volver al pozo del que saliste hace un rato no más? Los ojos de Jimmy lloraron a lágrimas largas, llenas de duelo. Era tiempo de cortar amarras. Ella estaba a su lado todavía, segura del amor, impotente de su propia adicción, y él sentía solo vergüenza.

Hablaban de un tipo

In Minicuentos, Western way on 4 de julio de 2009 at 17:35

Hablaban de un tipo llamado Will, que por las noches se desvelaba y solía pasar por la cantina hasta llegada la mañana, con el mismo vaso siempre seco, pero no recordaban su apellido, pues apenas lo veían tomar café, la cuestión es que el hombre ya no era hombre, era travesti, y de golpe recordaron, es el hijo del hombre que vivía a la vuelta de la casa de tu hermano, Daniel. Pues no estoy tan seguro. Cuando pararon de hablar, alguien encendió el televisor y en la pantalla brilló Bob Esponja. Joder. Apaga la luz. Siguieron hablando de una chica algo rara, de obstinada voluntad, tosca, de cachetes rojos que al frío ablandaba fumando a la mañana. Y entonces volvió a sonar Estelares, “solo el amor puede calmar este pesar, voy a rendirme para que me lleve al mar”.

Perdido pero en la vía

In Amor, Minicuentos on 17 de junio de 2009 at 14:54

Loser, le dijo la penúltima vez que lo vio. Antes le dijo que se mantendría en la era analógica hasta el fin de sus días. Haz lo que quieras, pero vete pronto. En la calle hacia el bar, antes de la parada, Michel esperó que ella terminara de hablar. Le dijo más o menos lo mismo de siempre. De vago a mentiroso. De bacán a imberbe, pero lo que más le pegó fue loser, un insulto en inglés que solo los snobs pueden usar, pero se lo dijo también, eres un maldito hacker. Al tiempo después, a los días, menos de un mes, ella dejó el sartén en la cocina con el horno prendido. Al otro día, se prometió asimisma pagar todas las cuentas al día, llevar a Tony al dentista, sacar a pasear al perro y no prometer ideas.

Has roto el calor

In Minicuentos on 10 de junio de 2009 at 11:09

Has roto las reglas y has roto mi corazón, dijo ella. Cielos. Otra vez con lo mismo. Cómo vuelvo a explicar que lo que pasó, pasó. Ella se echó a llorar. Cielos. Cómo te puedo explicar con palabras que lo que pasó, pasó. Ella más lloraba. Él prendió un cigarro, anónimo del todo, casi ausente y seguro de la indiferencia. Ella dejó de llorar. Se lavó la cara y no se miró al espejo. Entonces volvió a la cama y se echó a llorar otra vez, está vez en bata. No es lo mismo llorar en bata que llorar descalzo, pensó Michel. Y en un pensamiento tras otro, recordó la vuelta en que ella estaba llena de puntas y armaron dos fasos que se fumaron el fin de semana. Sin contar los tres litros de vino blanco. Ni el calor.

Liados en el azar

In Tijuana dream on 1 de junio de 2009 at 13:52

Al cabo de unas horas la naturaleza puso las diferencias en su lugar y de la cama al amor en una sola raya. Sin saber por qué, ella le recordó Nueva York y le trajo algo que había olvidado: la emoción de la sorpresa. Al cabo de una noche, ya con los vasos medios vacios o medios llenos, entre la hora de la madrugada y la hora del desayuno, él exprimió naranjas, hizo café, quemó las tostadas y se descubrió subiendo las escaleras para verla justo como la había dejado, en su cama. Entonces descargó la bandeja sobre la mesa de luz, cubrió el café con la servilleta, se calzó los jeans, buscó el celular, las llaves y el reloj. En el baño se lavó la cara y se cepilló los dientes. Antes de irse meditó si despertarla o no.

En los aeropuertos

In Sin categoría on 22 de abril de 2009 at 01:04

Papeles, chicles, boletas, un cigarro, siempre pasa lo mismo, eres un desordenado y ella siempre lo sabe todo, un encendedor atrás. El pasaporte en la cartera, la cartera de la calle en Cuzco de las piedras talladas, todo aquello fue muy reciente, pero ella hizo que fuera distinto a no sé qué, y doblado en cuatro junto al mío, rojo que cae al suelo mientras se ríe de mí, en una carcajada larga y mugrienta, ya sabía entonces que era así, la tierra era plana, fue mucho tiempo nadando en el paraíso, con los ojos cerrados, y la tierra resultó menos plana de lo que parecía, entre papeles ella siempre lo sabía, en el lugar cuando estás abajo, es verla llegar, intuirla llegar, como los perros en el campo, atrás están las casas, siempre. Es verla llegar entre papeles, feliz.