Huanakauri

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Medidas radicales

In Minicuentos on 17 de diciembre de 2009 at 00:13

A fin de evitar medidas radicales, se cortó el pelo. El peluquero es un hombre viejo, que siempre para en el mismo bar y suele contar la época en que su mujer lo esperaba al borde de la vereda, con el delantal todo sucio y el niño en la cama. Suele contarlo con los ojos secos y algo abochornado, el alcohol te deshidrata al final de la noche y luego de balbucear dos o tres incoherencias se va a dormir. La mañana que le cortó el pelo a Will, le temblaba el pulso más que de costumbre, tanto que dudó. Lo hizo igual. Se juró que no volvería a tomar alcohol, que al final de cuentas su mujer tenía razón, que nunca le hizo caso y que ahora ya no tenía sentido retroceder, es que no había forma en realidad.

A un tal Larrañaga

In Vaqueros on 28 de noviembre de 2009 at 09:22

En los tiempos de la guerra, luego del saqueo a San José, el viejo compró a dos africanos a un tal Larrañaga, así lo cuenta un hombre de ojos rojos en la barra del mismo bar.  De esas cosas ya no se hablan, pero él los soltó. Así cuenta que algunas noches, asustados en su lengua, corrían al comedor de la estancia donde se reunía la familia y le gritaban al abuelo: “¡ausiliquen, moros en la costa, moros en la costa! Y su desesperación era tal que no sabía cómo tranquilizarlos. Al cabo de un rato, cuando ya no pasaba nada, volvían a su casa, una casa de material y dos piezas que arreglaron para ellos.  Tendrían miedo, vaya a saber uno de qué. Y de qué va a ser mijita, pobrecitos, todo lo que han sufrido y no conocemos.

Hablaban de un tipo

In Minicuentos, Western way on 4 de julio de 2009 at 17:35

Hablaban de un tipo llamado Will, que por las noches se desvelaba y solía pasar por la cantina hasta llegada la mañana, con el mismo vaso siempre seco, pero no recordaban su apellido, pues apenas lo veían tomar café, la cuestión es que el hombre ya no era hombre, era travesti, y de golpe recordaron, es el hijo del hombre que vivía a la vuelta de la casa de tu hermano, Daniel. Pues no estoy tan seguro. Cuando pararon de hablar, alguien encendió el televisor y en la pantalla brilló Bob Esponja. Joder. Apaga la luz. Siguieron hablando de una chica algo rara, de obstinada voluntad, tosca, de cachetes rojos que al frío ablandaba fumando a la mañana. Y entonces volvió a sonar Estelares, “solo el amor puede calmar este pesar, voy a rendirme para que me lleve al mar”.

El calor del olvido

In Minicuentos, Tijuana dream on 23 de junio de 2009 at 18:26

Ya pasó lo que tenía que pasar. Entonces cargó el tanque y arrancó. Al amanecer llegó a Bella Unión. En un bar enfrente a la plaza, tomó café y pidió medialunas. La panadería no abría hasta las seis y debería esperar. Entonces volvió a comprender que lejos estaba de olvidar. Solo quería medialunas con jamón, jugo de naranja natural, y un poco de manteca. A las seis de la mañana el calor ya era casi insoportable. Ni siquiera un arroyo, los tábanos te comen vivo, dijo el hombre de la barra que Agustín no vio hasta que habló. Un poco contraído por el susto, el corazón volvió a latir y pudo sentirse vivo por fin. A esta hora del día ya hace calor. No hay sombra que dé respiro. Agustín ya estaba sudando sin darse cuenta. Pensó, debo irme ahora.

El otro verano

In Minicuentos, Western way on 14 de junio de 2009 at 13:47

Luego de bailar horas lo mismo, con los pies sobre la tierra, ella se fue. Ana fue detrás como siempre lo hace. Pero esta vez, la chica de la barra tropezó, se rompió un vaso, se cortó la mano, y ella la curó. Entonces Johnny condujo toda la noche con la mano de Jude entre sus piernas. Al llegar a la casa, Johnny preparó un trago. La piscina, el calor y la primavera en sus primeras revelaciones, le quitaron su campera de jeans. Dio por olvidado al invierno. Entonces Jude se lo dijo por segunda vez. Tampoco parecía cierta otra vez, sin embargo ya lo sabía. Nada aquí era natural, incluso el agua apestaba a hojas secas, ni siquiera los gorriones de la enredadera, cuando ella se quitó la remera y hundió sus caderas en el agua directo a mí.

Igual es amor

In Minicuentos, Western way on 12 de junio de 2009 at 14:33

Sucedía lo mismo pero con distinta expresión. Esta vez era Johnny el que insistía en volver. Pero Jude vio el cielo y se voló. Así de simple. Entonces Johnny pasaba los días desencajado con los ojos de un lado para el otro. Fue cuando conoció a Wilma y ella se encariño con él. Su destino parecía más amigable. Pasó una semana en Punta del Este y juró que todo seguiría igual hasta que pase el tiempo, igual después del tiempo. O oxplote lo inevitable, como debe ser. Fue cuando Jude tuvo un hijo con Esteban, el vecino. Ellos se volvieron a encontrar en el bar, solos. Mediante cervezas, una tras otra y en continuo desafío hasta en la cama,  ella dejó de pensar en los niños y en los deberes, pero la música era igual, Johnny sonreía. Él era así.

El sueño de ella

In Minicuentos on 6 de junio de 2009 at 23:16

En el baño ella presionó contra ella y ella no supo qué hacer. Alguien tiró la cisterna y ella, más segura que una piedra, prefirió no decir palabra, omitir aquello que se caía de maduro. Y a través del espejo azul de los azulejos, alguien abrió la puerta y quedó sonando como vaivén. Ella más adelante que los hombres, dudó en decir que no. Nadie advirtió el pulso de la mano al insistir sobre la piel ni la forma cuando ella bajó adonde no debería haber bajado y encontró lo que era obvio haber encontrado. Entonces pasaron la noche una al lado de la otra en una sucesión de palabras y juegos que nadie se atrevió a preguntar. Al mes siguiente, la claridad de la ropa doblada una mañana de todas, redujo el universo a la palma de su mano.

A propósito de Alfredo

In Minicuentos, Tijuana dream on 4 de mayo de 2009 at 20:08

Su vida fue corta. En 23 años dio todo lo que pudo. Eran otras reglas de orden, progreso y tiempo. Pero no quiero empezar por el final. Nació de madre soltera y padre perdido en el bar. De chico supo que lo suyo era cruzar. Y cruzó a los 17 años a pesar de los silencios de su madre y la incredulidad de su padre. Volvió tres años después con más dinero que sus abuelos juntos. Compró campo y levantó la casa arriba del cerro atrás de la ruta. Entonces salía a la noche en la moto, cenaba con su hermano y pasaba por el bar. En el bar discutía de fútbol, a veces de política y muy pocas veces de mujeres. Ellos eran hombres casados pero los más jóvenes salen a bailar. Él era así.

Nervios

In Sin categoría on 21 de abril de 2009 at 04:34

Sin saberlo, algunos días antes experimentó cierto espasmo en la zona abdominal. Ahora era legal pero las circunstancias, iguales. Tal vez la cerveza, cierta presión al bajar, ese claustro muerto de los recuerdos, cuando la noche y el frío, y los gatos, esos asuntos que van cruzando los años como las boletas, tal vez el no decir lo justo y sacarlos a tiempo, o solo tomar de más y no mucho más. La barra es igual. En una noche se fue de Río a Madrid y la barra es igual. Algunos días antes sintió cierta contracción en el abdomen, pero los cambios en la alimentación, en definitiva, los nervios son siempre igual. Aquí vas sin saberlo en qué momento ella puso sus ojos en ti, has bebido demasiado, has pensado en irte varias veces, siempre vuelves más joven, más segura.

El problema del amor

In Sin categoría on 15 de abril de 2009 at 02:41

El problema empezó cuando alguien salió, dejó la puerta abierta y el viento sopló. Las hojas del diario hablaban de un hombre rebautizado en la calle, El Mincho, y muerto en la calle también por la policía. La mujer clavó la vista en los ojos del hombre del café con crema. Estos sucesos ocurren a menudo, más de lo que la gente sospecha. Se dan por lo bajo de la superficie, pocos lo comprenden, entre la piel de dos, que coinciden en tiempo y lugar. Justos, sin más cualidad que la coincidencia. Ella lo mira, él la mira, y flechados por la idea del amor, uno se entrega al otro. Salen del baño y aquí no pasó nada. Al cabo de un tiempo lo ves solo. Al cabo de tiempo la ves sola. Y todo sigue más o menos igual.