Huanakauri

Posts Tagged ‘Excesos’

Sales efervescentes efectivas

In Minicuentos on 27 de noviembre de 2009 at 11:49

Solo eructando se va el alcohol, le dijo a Will la señora que atiende la farmacia. Tienes una cara, chico, que das pena. La caja registradora hizo clic y más tarde las sales efervescentes cayeron fuera del vaso, un vaso azul, ancho y petiso, que todavía no se ha roto desde el casamiento. Eres un inútil, pensó. Luego de la ingesta, eructó y se sintió mejor, entonces le agradeció a la mujer que tenía razón. Cuando pase por la farmacia debería agradecerle el detalle. El alcohol se va eructando, en luna llena no puedes dormir y siempre te levantas por el mismo lado de la cama. Supersticiones, afirma Silvia. No, ya no eran supersticiones para Will, eran formas de vida y estaban tan metidas que su mujer bajaba la cabeza y consentía. El mundo es así y otra vez eructó.

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Cómo se enrareció todo

In Minicuentos on 29 de agosto de 2009 at 18:26

De otro lado del casino, como apuntado en la agenda invisible de los errores imprudentes, aquellos que nadie repite salvo un par más de calaveras y ella, las vi una encima de la otra. Entonces todo se enrareció. Insistió en no decir palabras, intentó no revelar excusas y esperó a que se pase el caos preliminar de versos que suenan a lata. Hay algo que nunca termina de quebrar y lo sabes mejor que yo, dijo o yo creí oír en el momento que alguien llamó desde la otra esquina y el escenario volvió al estado en que estaba antes, con el perfume todavía en mi remera, insistiendo en no decir nada, solo disimular lo que se escapa de los ojos. Algo parecido al amor, algo entre los bordes, del otro lado del casino, a las tres de la mañana.

Encima llueve hacia las diez

In Minicuentos, Vaqueros on 16 de julio de 2009 at 17:53

Deberías dejar de vivir así. En la barra las ideas parecían brillantes. Tal vez era la hora del día, la naturaleza nocturna del hombre, tal vez no era nada, simplemente se desvelada entre pensamientos y ahora no tenía ganas de simular una sola idea para creer que el otro nos ama. Era claro, Bill no quería llegar a la casa tarde y ella insistía en que dejara de fumar. Era imposible. Ya lo sabes. Un humo lleva al otro. Anda a saber qué sustancia andás metiéndote viernes tras viernes, en constante golpe con el pasado o ya mirando fijo al espejo, colgado siempre con la misma inclinación, que con el correr de la noche se iba doblando hacia el fuego, donde se cocían los chorizos que más tarde serían vomitados. La helada era grande. El frío, intenso. La hora, tarde.

Dejarla pasar

In Minicuentos, Vaqueros on 18 de junio de 2009 at 06:01

Así es la manera, debes dejarla pasar por donde vino. Como si fuera una ola que se raja al llegar al mar y luego es absorbida por la corriente. Entonces desaparece. Como se esfumó Jude, la noche antes que Ricky destrozara las ventanas del bar porque no había más cerveza, cuando en realidad sus amigos no lo dejaban tomar más. Era así, la manera es dejarla ir aunque sea a través del whisky, la noche y los excesos, el chico apenas entendía de amor. Entonces permaneció una semana en su casa. Solo Michel se preocupó por saber si tenía cerveza en la heladera. Fue a clases dos veces. Hasta que Jude volvió. Se cruzaron en la calle camino a clases. Jude le pidió disculpas e intentó tomarle la mano. Ricky no dijo nada. Debes dejarla ir, mujeres así no valen.

El sueño de ella

In Minicuentos on 6 de junio de 2009 at 23:16

En el baño ella presionó contra ella y ella no supo qué hacer. Alguien tiró la cisterna y ella, más segura que una piedra, prefirió no decir palabra, omitir aquello que se caía de maduro. Y a través del espejo azul de los azulejos, alguien abrió la puerta y quedó sonando como vaivén. Ella más adelante que los hombres, dudó en decir que no. Nadie advirtió el pulso de la mano al insistir sobre la piel ni la forma cuando ella bajó adonde no debería haber bajado y encontró lo que era obvio haber encontrado. Entonces pasaron la noche una al lado de la otra en una sucesión de palabras y juegos que nadie se atrevió a preguntar. Al mes siguiente, la claridad de la ropa doblada una mañana de todas, redujo el universo a la palma de su mano.

Volver / no volver

In Minicuentos on 4 de junio de 2009 at 11:20

Ya no había nada más para decir. Lo que pasó era un exceso de sentido común. No podía volver atrás sin olvidar. Tampoco le veía sentido a repetir las mismas salidas que cuando recién se conocieron y la vida parecía un pañuelo blanco y recién planchado. No podía volver atrás. Lo que pasó era un exceso de incoherencia. Y a pesar de las formas de su cuerpo y a pesar de intentar e intentar, fracaso tras fracaso, no podía volver atrás y el resto de la noche ajustó su discurso a los hechos. Hasta que ella tampoco dijo que no y enroscados en la alfombra, recordaron cómo era sentirse uno cerca del otro. Sin ropa que los ordene. Sin palabras que los atoren. Sin límites que los corrompan. Pero el final siempre era gemelo. Ella no dejaría de dudar, nunca.   

Por la tangente va el amor

In Minicuentos on 27 de abril de 2009 at 23:43

Asistió a la muerte del hombre el mismo día en que regresaba de Punta del Este. Desde un tiempo a esta parte, lo único que hace es pensar en las olas, en el sol, en la piel de María, en el reloj de Nueva York que nunca compró y que ahora venía reciclándose en su memoria, cada vez más exacto,  la vez que se casaron. El hombre calló. Horas antes, Juan y María reían de lo mismo que hizo reír al hombre a punto de caer seco sobre la mesa. Estirar un soplo más y luego no hay más cuerda que afloje. Así de simple. Yo no quiero comer más, no tengo hambre, repite María. Estoy lleno de whisky como para obligarte a comer. Rieron otra vez.  Ya no quiero matarte más. ¿Me quieres, amor? Dime que sí o no.