Huanakauri

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Devuelta a la escritura

In Minicuentos on 19 de octubre de 2012 at 09:24

Te preguntas que has hecho de tu vida. En el libro de tu mano respondes que todavía eres joven. Te preguntas lo mismo, por si acaso nadie responde, cuando el golpe seco de la copa sobre la mesa de mármol, queda vacío. Qué has hecho de tu vida. Ahora la botella de vino está vacía. Pasas la cuenta de las horas en la esquina, de los minutos en el ascensor. Recuerdas con memoria de elefante caído, el mal que has hecho. Te preguntas sin miedo, si ese mal vuelve, o si ya volvió y si de eso se trata la vida, de no darse cuenta del mal, que tal vez has hecho y aun así te acusas. Te preguntas quién eres, ya rayando la paranoia, si Dios existe, buscando armar lo que se descompuso por las palabras que no dices.

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Recuerdos circulares

In Minicuentos on 5 de octubre de 2010 at 11:07

Pasó lo que siempre pasaba. Al sol del mediodía, unas horas antes donde ahora otros duermen, con una copa de vino tinto; restos de la noche anterior, se puso a discurrir sobre las horas. Recordó el tiempo que quiso ver pasar y rió porque hoy era un hombre derecho que hacía pan como lo hacía la abuela. Del horno humeaba el romero y ya estaba casi listo. Era lo último que tenía pronto. Siempre pasaba lo mismo antes del mediodía. En un rato llegaran ellos, los invitados, que ya están aquí con otras botellas de vino más nuevo. Entonces anduvimos juntos sobre las horas y discutimos cómo pasarlas de la mejor manera al descorchar lo que nunca decimos. Navegar sobre el mar, caminar en la montaña, bucear en las rocas, fumar cogollo, leer a la siesta, despertar y estar desnudo.

Un poco solos

In Minicuentos, Western way on 30 de abril de 2009 at 22:59

Eran tiempos fáciles. Antes de volver y ser cada uno lo que  más tarde se transformó, pasaron una semana sueltos en el monte. Eran iguales. A machetazo limpio, abrieron un agujero en la espesura cerca del río. A la altura del Molino y sobre la roca plana, las horas se hicieron días. Martín pescó algo que nadie supo el nombre. Era un bicho raro. Lo dejaron ir. En la camioneta de Adrián, las heladeras rebosaban de carne para asar. Al mediodía jugaban al truco y tomaban vino. A la noche, luego de juntar la leña y prender el fuego, Fermín se ocupaba de la cocinar y Adrián de armar el faso. Ya cuando todos se dejaban caer en sus lugares, Adrián y Fermín armados cada uno con una chumbera, daban vueltas por el campamento en busca el uno del otro.