Huanakauri

Posts Tagged ‘Western way’

A un tal Larrañaga

In Vaqueros on 28 de noviembre de 2009 at 09:22

En los tiempos de la guerra, luego del saqueo a San José, el viejo compró a dos africanos a un tal Larrañaga, así lo cuenta un hombre de ojos rojos en la barra del mismo bar.  De esas cosas ya no se hablan, pero él los soltó. Así cuenta que algunas noches, asustados en su lengua, corrían al comedor de la estancia donde se reunía la familia y le gritaban al abuelo: “¡ausiliquen, moros en la costa, moros en la costa! Y su desesperación era tal que no sabía cómo tranquilizarlos. Al cabo de un rato, cuando ya no pasaba nada, volvían a su casa, una casa de material y dos piezas que arreglaron para ellos.  Tendrían miedo, vaya a saber uno de qué. Y de qué va a ser mijita, pobrecitos, todo lo que han sufrido y no conocemos.

Anuncios

Casi marcha atrás

In Minicuentos, Western way on 22 de mayo de 2009 at 07:59

Ella era lo que pudo: un gag entre la comedia y el drama con aires suicidas. Nada creíble. Sin embargo, él no pudo más. Jimmy juntó sus discos –esta vez se llevaría todos- y a las cinco llamó a un taxi. Ella dormía. Él dejó las llaves sobre la mesa. Y ella siguió durmiendo. Al despertar, el vacío de la discoteca confirmó sus sospechas, Jimmy la había abandonado por enésima vez. Tampoco era creíble. Volvería, Ana sabía que Jimmy no podía pasar la noche lejos de sus libros, que el juego de los discos era una anatema disuelta, sin mucho que temer. Los niños llegaron del colegio y preguntaron por su padre. Ana dijo que volvería a la noche, solo que Jimmy vendió los discos, volvió a casa y le dio todo a Ana. Él también era lo que pudo.

Juan Contado (III)

In Sin categoría on 18 de abril de 2009 at 02:30

Eran dos opciones: regresaba al punto de partida o daba el paso al frente. Entonces pensó que lo más seguro era terminar de frente contra un muro, al fiel estilo Contra la pared. En la base del meollo, ya no importaba más que volver a casa, tirarse en el sillón y prender la televisión. Cielos, hoy empieza el campeonato apertura y solo deseaba oír descorchar y en la medida de lo posible, no mucho más. Pero, como sobre rieles, la discusión estaba en el mismo lugar de siempre. Yo no fui, a mí no me mentís, te crees que soy boluda, la torta de guita que te embolsaste, en tu vida viste tantas juanas juntas. En síndrome circular, volvimos al mismo lugar y ese lugar no era el lugar más amable del día y solo cerró los ojos. Se fue. 

Juan Contado (II)

In Sin categoría on 17 de abril de 2009 at 01:59

Quiso fumar habanos y fumó habanos hasta donde pudo. Ahora era diferente. Sentado en la barra, sin espejos donde duplicar, salvo la vista interminable de las botellas de whiskys alineadas atrás, creía que el amor ya no era lo primero. O por lo menos concluyó que al cabo de un rato, las mujeres chupan energía, como ellas piensan de las piedras. Ahora es diferente, se repetía a sí mismo. No quiso pensar en la relación dinero-humor, pero la cuestión era clara, Juan Contado se sentía bien. Y así anduvo de calle en calle, jodidamente bien, horas a la mañana buscando café, horas a la noche buscando qué comer. Hasta que se quemó todo y volvió. Era simple, hasta que dejó de serlo. Ahora otra vez, quiso fumar habanos pero era diferente, quiso jalar el gatillo y perdonar, ella no es.

Juan Contado (I)

In Sin categoría on 16 de abril de 2009 at 11:06

Simple, como ella quiso, pero tarde, como siempre pasa. La noche anterior, Juan Contado extendió un billete de mil pesos sobre la barra y pagó la vuelta. Los fortuitos del lugar, agradecidos. Los asiduos del lugar, helados. No era común ver a Juan Contado con grandes despliegues de generosidad. No porque fuera un cocodrilo, sino porque sus múltiples trabajos apenas le permitían pagar la luz, el agua, el teléfono, pasarle la renta a su ex – mujer y emborracharse una vez al mes. Las noches siguientes, Juan Contado siguió extendiendo billetes cada vez más generosos. Los asiduos del lugar, acostumbrados a la barra, preguntaron. Juan Contado dio vueltas al asunto y prefirió no discurrir en las excusas. Simple, ahora tenía dinero, la circulación se había invertido, y le tocaba a él pagar la cuenta que tantas veces otros habían pagado. Salud.